obra publicada

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Lo último, “La Novela de Rebeca” (Ediciones-B).

Víctor del Árbol, autor de La víspera de casi todo, Premio NADAL-2016, dice:

«Hay que ser valiente para escribir una novela como esta. Y cuando a la valentía se le une el talento, emerge poderosa esta historia que recuerda a Paul Auster. Sencillamente, magistral.»

Simón Lugar es un autor de éxito que, encerrado en su apartamento de la costa vasca, lucha por dar forma a su primera novela negra. Melancólico y misántropo, se siente presionado por su agente literaria y sus cientos de miles de lectores. Buscando la inspiración en un largo paseo por la playa, conoce a M., una joven enigmática que influirá en él de un modo inesperado al tiempo que una serie de sangrientos asesinatos van conformando la trama del libro dentro de su cabeza.


 

Como escritor de novelas, desarrolla actualmente su tarea de la mano de la agencia literaria de Antonia Kerrigan Literary Agency, agente asimismo de María Dueñas, Ángela Becerra, Elvira Lindo, Víctor del Árbol y Ruiz Zafón, entre otros.  Ha obtenido premios en el Concurso de Cartas de Amor de Barakaldo (2001) y el Premio de Relato No Sexista de Santurtzi con la novela “La Batea” (2003), así como en el Concurso Literario Restaurant Fogón Saint Julien de París (2006), con el relato “Eterno Ajoarriero Hereje”, publicado en el libro “Cuadernos del Fogón”.

Puedes saber más en PORTADAS y SINOPSIS , de su perfil oficial de Facebook. Si lo que deseas es ver los booktrailers, entra en su Vimeo.

NOVELA

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POESÍA

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RELATO

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ENSAYO

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Hay rasgos en el estilo de Mikel Alvira que son inconfundibles: su prosa, su estructura, los personajes veraces y las adictivas historias que cuenta.

Dijo la prensa que El Silencio de las Hayas catapultaba a Mikel Alvira. Y así fue, con seis ediciones y convertida en una de las más exitosas de la Feria del Libro de Durango. Su trayectoria, que se consolidaba paso a paso tras una retahíla de títulos prácticamente anuales, daba un salto de gigante con la entrañable historia de Cataline y Mieltxo.

Cinco novelas después, el estilo de Alvira es evidente sea cual sea su género. Da igual que transite el humor, la ternura, la truculencia del género negro o las escenas costumbristas, reconocemos una prosa directa, mesurada, nada retorcida. Nos hallamos ante un autor que se ha ido desprendiendo de los adornos de juventud, dejando atrás una narrativa adjetivada y casi didáctica, para imponer una manera de escribir muy medida, calibrada, sin aderezos que sobren ni abuso de las elipsis. Una prosa, en definitiva, muy Alvira: su forma de redactar, su léxico, su composición de las escenas. Eliminado todo vestigio didáctico, no pretende instruir al lector sino construir a la par, dejando que sea la imaginación quien complete la voz del autor. Ya lo vimos en El Mar que te Debía, auténtica obra coral en la que indagaba en las relaciones humanas, o en Llegará la Lluvia, su novela más poética, exquisito retrato de dos épocas distintas entrelazadas. Asimismo, ha sido La Novela de Rebeca donde más patente ha quedado ese rasgo de Alvira, quizás más que en Cuarenta Días de Mayo, obras ambas en las que el lenguaje se convierte en un elemento tan importante como la propia historia contada.

Prosa directa, medida y cuidada, casi poética (Alvira es tan poeta como novelista), sustentando estructuras audaces. Estamos ante la segunda característica de este autor: el gusto por contar historias explorando la forma de hacerlo. Si El Silencio de las Hayas es una narración lineal, algo que recuperará para En la Tierra de los Nombres Propios, no así el resto de sus libros, que buscarán siempre los saltos en el tiempo, la sorpresa, el ingenio… Él mismo ha manifestado varias veces que cada libro ha de ser la respuesta a las preguntas que se hace como autor. Detesta la idea de hacer libros como churros y, de momento, no se ha planteado nunca trilogía o segundas partes, que, si bien no descarta, actualmente no entra en sus planes. ¿Por qué? Porque cada título ha de ser diferente al anterior, con diferente estructura y diferente tratamiento.

Y si su narrativa es identificable y su exploración es evidente, no lo son menos las historias que aborda, siempre humanas, siempre bien trenzadas, con personajes pulcramente caracterizados. Comenta él mismo que los personajes no han de ser reales sino veraces, y es esa veracidad la que hace que sus historias enganchen. Conocedor de la psicología humana, historia y personaje se sirven de la prosa para llevar la lector página a página, sin soltarlo y sin dejar que éste suelte el hilo, convencido de que a la vuelta de cualquier párrafo Alvira le va a sorprender.

No estamos, pues, ante mero entretenimiento, aunque entretenga; ni ante productos de laboratorio pensados para ser best-seller, aunque las ventas se porten muy bien con los títulos de Alvira; ni ante historias cuyo mérito está solo en lo que cuentan, como si no importara al autor cómo contarlas. Estamos, más bien, ante obras redondas, bien trenzadas, con personajes creíbles y una narrativa cuidada. Dicho de otra forma, alvirismo literario de un autor que es, por encima de todo creador multidisciplinar, indagador, experimentador de los diferentes lenguajes que, como escritor, le lleven a divulgar su quehacer, ya sea en novelas, poemarios, lienzos, montajes audiovisuales, expresiones plásticas o representaciones escénicas.

 

 

 

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